domingo, 25 de julio de 2010

'Viaggio a Napoli'

En 1954 Roberto Rossellini filmó Viaggio in Italia, que en español llevó el cursi título de Te querré siempre. Un matrimonio burgués y de edad madura se disponen a ir a Nápoles. Poco a poco asistimos a esa suerte de crisis matrimoniales en donde la apatía no da paso a acción ninguna. La bella Ingrid Bergman, quien encarna a Katherine Joyce,  transita por los recuerdos de un pasado más romántico y la ciudad, inluyendo rutas turísticas como el Vesubio, Pompeya, pero sobre todo, por ese fantástico museo arqueológico que posee esta ciudad de la Campania.


Katherine visita este museo y por momentos pareciera mimetizarse como una pieza más del museo.
Pero, saltando, los logros cinematógraficos de esta sobria y magnífica película, quiero comentaros acerca del efecto resorte que hizo en mí. No dejé de pensar en aquellas esculturas magníficas que allí aparecían, y un año y medio después, estaba allí, en Nápoles, transitando por los mismo paisajes y lugares de la Bergman, y claro, sin un ápice de su glamour, pero sí con menos ensimismación que su personaje.

Os dejo el fragmento de la peli al que me refiero anteriormente (en inglés):

video

Ya solo con este museo, el viaje merece la pena, y si a ello le sumamos las joyas de Pompeya y Herculano, no habría más que agregar a la motivación. La ciudad es caótica, sucia, pero a su vez llena de encanto y magia.
Les dejo algunas fotos, entre las que se encuentran ese grupo escultórico magnífico, atribuido al griego Apolonio de Tralles (S. II o I a.C.), y que representa al mito de Dirce, y que hoy se le conoce, más popularmente como El Toro de Farnesio. Una pieza colosal y magnífica en su conjunto.



Detalle de la escultura.

Aparte de la singular escultura de un Hércules meditabundo y cansado, también se encuentra esta impresionante Artemisa de Éfeso (S. II), la cual estuvo por mucho tiempo, prácticamente escondida por el poder cristiano, debido a sus referencias paganas.

Artemisa de Éfeso.

Allí también se encuentran gran parte de los frescos de Pompeya y Herculano, siendo quizá este par los más populares, pero hay muchos más de igual belleza y delicados trazos.

Terentius Neus y su bella esposa.

La gran poeta de la isla de Lesbos, Safo, según el espíritu pomepeyano.

Sin duda, pocas ciudades albergan tamaña herencia cultural, en donde ese viaggio a Napoli se torna en una verdadera ventana al pasado y su esplendor.

domingo, 11 de julio de 2010

Cuatro libros y un verano


En mi reciente viaje a Gijón me encontré con la sorpresa de una excelente librería recién inaugurada (o más o menos recién). La Buena Letra, así se llama, queda en la calle Casimiro Velasco, 12. Su dueño, un hombre amable que conoce el oficio de librero y del que sin duda, tanteando un poco los gusto de los lectores que allí llegamos, puede acertar con sus recomendaciones, sin duda.

Llevaba anotado un par de libros recomendado por dos amigos. El primero, una, podría decirse autobiografía desde la que construye la biografía del padre: El olvido que seremos, del colombiano Héctor Abad Faciolince. La primera de las que devoré. Una historia íntima que deja entrever un momento de la realidad política y social colombiana, a través de los ojos del autor y en cierta forma, de los de su padre. Un ejercicio de memoria profundo y sentido, pero sobre todo, muy bien escrito.

La segunda novela de mi lista. Nunca me abandones, del escritor de origen japonés pero ya considerado británico, Kasuo Ishiguro*. No había leído antes al célebre autor del Los restos del día, solo vi aquella maravillosa película que se hiciese acerca de dicha novela, dirigida por James Ivory: Lo que queda del día, en la que un sorprendente Anthony Hopkins se luce en una escena memorable, por cierto, acerca de un libro. Nunca antes la contención del amor la pude ver más clara que en dicha escena:

(En inglés)




Pero siguiendo con Nunca me abandones, es sin duda una novela en la que hace gala de una historia que sorprende, a la que el lector se engancha y en la que hay que esperar para poder ir descubriendo cada uno de los porqués de las extrañas circunstancia del relato. Al mismo tiempo la desazón pareciera acompañar a sus personajes, marcados por el determinismo de sus orígenes. Muy recomendable.


Volviendo a la librería, entre los consejos, a los que atendí, traje conmigo una novela de la japonesa Hiromi Kawakami: El cielo es azul, la tierra blanca. Aunque esta autora goza de gran fama en su tierra natal, es la primera vez que se publica un libro suyo en español. Una historia singular, contada con gran delicadeza y asertividad, en la que uno empatiza inmediatamente con Tsukiko, su solitario personaje.

Otro de los consejos que recibí en La Buena Letra, luego de confesarle mi devoción por Fred Vargas, fue el de la novela Almas Grises, de Philippe Claudel. Confieso que aún no me ha dado tiempo de leerla, pero tengo buen pálpito... además, tiene el respaldo de haber sida elegida novela del año por los libreros franceses, que no es poco.


*Ishiguro también realizó el guión de una extraña película, pero no por ello menos hermosa, titulada: La Música más triste del mundo. La cual pude disfrutar, hace unos años, en el festival de cine de Gijón.

domingo, 4 de julio de 2010

Dos grandes que se van, pero dos voces que no se apagan

Carlos Mosiváis (Izda.) y José Saramago.

El 18 y 19 de junio pasado murieron dos grandes escritores, el portugués, José Saramago y el mexicano, Carlos Mosiváis. El primero, destacó por su literatura y el segundo por sus crónicas y ensayos. A ambos les unía también su pensamiento de izquierdas, cuestión que los medios tienden a desdibujar o, simplemente, pasar por alto, como lo ha hecho El País al publicar la noticia de la muerte de Monsiváis.
Los dos fueron escritores extraordinarios y ejercían una seria crítica hacia el acontecer político, social  y económico, cuestión que se echa de menos en estos tiempos tan light y en donde pareciera todo más homogéneo: desde las noticias hasta la creación misma.

Desde acá, quisiera despedirme de estos dos maestros y, aunque los echaré de menos, siempre estarán sus palabras y sus obras a las que se puede volver una y otra vez. Esa es la maravilla del arte y del pensamiento.



Una breve entrevista a José Saramago:



Un interesante vídeo de Monsiváis: Retrato hablado (de cinco partes, acá sólo colocaré la primera, el resto pueden verse en internet)